Cuando alguien habla de un “bug” en una computadora, normalmente se refiere a un error de software. Pero uno de los episodios más famosos de la historia de la informática fue mucho más literal: una polilla quedó atrapada dentro de una computadora.
Ocurrió el 9 de septiembre de 1947, cuando un equipo que trabajaba con la Harvard Mark II, una enorme computadora electromecánica instalada en la Universidad de Harvard, buscaba la causa de una falla en la máquina.
La respuesta estaba entre los componentes: una polilla había quedado atrapada entre los contactos de uno de sus relés.
Los técnicos retiraron el insecto y lo pegaron con cinta adhesiva en el registro de la computadora. Junto a él dejaron una anotación que decía: “First actual case of bug being found”, es decir, “primer caso real de un bug encontrado”.
Y así nació una de las anécdotas más famosas de la informática.
Pero el término “bug” no nació con la polilla
Aquí está la parte que suele perderse en la historia.
La palabra bug ya se utilizaba mucho antes para describir problemas o defectos en máquinas y sistemas eléctricos. El propio Smithsonian señala que ingenieros estadounidenses empleaban el término desde el siglo XIX y que Thomas Edison ya hablaba de “bugs” en circuitos eléctricos en la década de 1870.
Por eso, la polilla no inventó la palabra.
Lo que hizo fue darle una imagen literalmente perfecta.
A partir de entonces, la historia del insecto quedó estrechamente vinculada con el lenguaje de la informática y ayudó a popularizar expresiones como “debug” y “debugging”, utilizadas para localizar y corregir errores en un sistema.
Una computadora del tamaño de un cuarto
La protagonista de esta historia tampoco se parece mucho a la computadora que hoy cabe en un bolsillo.
La Harvard Mark II era una máquina electromecánica gigantesca que utilizaba miles de componentes, incluidos numerosos relés. Su funcionamiento dependía de complejos sistemas eléctricos y mecánicos que requerían mantenimiento constante.
En aquel entonces, encontrar una falla podía significar revisar físicamente una enorme cantidad de componentes.
Y eso fue precisamente lo que ocurrió aquella noche de septiembre de 1947.
La anotación del registro indica incluso que la polilla fue encontrada en el relé número 70, panel F.
Grace Hopper y la historia que se volvió leyenda
En el equipo relacionado con la Mark II estaba Grace Hopper, matemática, programadora y oficial de la Marina estadounidense que posteriormente se convertiría en una de las figuras fundamentales de la historia de la computación.
Hopper ayudó a hacer famosa la anécdota durante sus conferencias y posteriormente contó su propia versión del episodio.
El Smithsonian señala que Hopper participó en el trabajo con la Mark II y que contribuyó a popularizar la asociación entre el insecto y el término computer bug.
Sin embargo, hay una precisión importante: Hopper no fue necesariamente quien encontró personalmente la polilla. En entrevistas posteriores explicó que el insecto fue localizado por el equipo que trabajaba con la máquina.
La historia, con el paso de los años, terminó asociándose fuertemente con ella.
El insecto quedó en la historia
Lo más curioso es que los técnicos no se limitaron a tirar la polilla a la basura.
La pegaron en el libro de registro de la computadora.
El documento original forma parte actualmente de las colecciones del Smithsonian’s National Museum of American History, donde se conserva como una pieza relacionada con la historia de la informática.
Es difícil imaginar una forma más apropiada de documentar un problema informático.
Una computadora falló.
Encontraron el insecto.
Lo pegaron en el reporte.
Y terminaron creando una de las historias más conocidas de la tecnología.
De una polilla a millones de errores
Hoy, cuando un programa se congela, una aplicación falla o una página deja de funcionar, los programadores hablan de bugs prácticamente como parte del lenguaje cotidiano.
Pero la próxima vez que alguien diga que hay un “bug” en una computadora, la historia puede contarse de una manera mucho más sencilla:
alguna vez hubo uno de verdad.
No fue el origen de la palabra, pero sí se convirtió en su historia más famosa.
Y todo por una polilla que tuvo la mala suerte de meterse donde no debía.
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