Casi cuatro siglos después de comenzar su historia en Tepoztlán, Nuestra Señora de la Natividad recuperó parte de la belleza que permanecía oculta bajo capas de pintura y antiguas intervenciones, luego de un delicado proceso de restauración realizado con la participación del INAH y la comunidad.
La patrona de Tepoztlán no es sólo una pieza histórica. Durante generaciones, habitantes de los distintos barrios han depositado en ella su fe y la han acompañado como uno de los símbolos más queridos de este Pueblo Mágico.
Por eso, antes de comenzar los trabajos, el equipo de restauración tuvo que construir confianza con la comunidad.
Frida Mateos González, restauradora perito del Centro INAH Morelos, contó en entrevista con ALM Noticias, a través de El Adolfo Radio 91.9 FM, que intervenir una imagen con semejante significado implicó dialogar con los habitantes y explicar qué procedimientos eran necesarios para conservarla.
“Poder tocar a una santa patrona no es fácil”, reconoció la especialista.
El proyecto terminó involucrando al INAH, el Ayuntamiento de Tepoztlán y la propia feligresía, que también reunió recursos para hacer posible la intervención.
La limpieza reveló un rostro que estaba oculto
Como sucede con muchas imágenes religiosas conservadas durante generaciones, Nuestra Señora de la Natividad recibió a lo largo de los años diferentes tratamientos para mantenerla en buenas condiciones.
Entre las prácticas utilizadas estuvieron productos como tomate, jitomate e incluso salsa cátsup. Aunque fueron aplicados con la intención de conservar la imagen, sus componentes ácidos terminaron afectando algunos materiales.
También se encontraron capas de pintura colocadas durante intervenciones anteriores que no fueron realizadas por especialistas.
Al retirar cuidadosamente esas capas apareció una de las mayores sorpresas del proceso.
“Cuando le pudimos quitar la pintura, no tiene idea la belleza de su rostro, la tersura, era una cosa bellísima”, recordó Mateos González.
La restauradora explicó que tanto la Virgen como la imagen del Niño recuperaron elementos de su apariencia original.
“Volvió a brillar, volvió a nacer, su mirada se limpió”.
En los trabajos participaron también el químico Javier Vásquez y las restauradoras Sofía Alonso y Denise Islas. El equipo intervino además algunos de los atributos de la imagen, como la corona, el cetro y el rosario.
Una historia que podría comenzar en 1622
Los trabajos también permitieron acercarse a la historia de la imagen.
De acuerdo con Mateos González, se trata de una pieza del siglo XVII y existe la posibilidad de que haya llegado a Tepoztlán durante los primeros años de la parroquia.
Durante trabajos realizados en el atrio se encontró la fecha de inauguración del templo: 1622.
Los especialistas consideran que la imagen pudo haber llegado a la comunidad alrededor de ese periodo y permanecer desde entonces ligada a la vida religiosa de Tepoztlán.
Restaurar no significa borrar los años
Uno de los principios del proceso fue evitar que la imagen pareciera nueva.
Para los especialistas, las marcas que dejó el paso del tiempo también forman parte de su historia y deben conservarse.
“Lo que es una belleza es que no deja de verse también que es antigua”, explicó la restauradora.
Por ello, el objetivo fue recuperar elementos de su apariencia sin borrar las huellas de casi cuatro siglos de historia y devoción.
Mateos González comparó el cuidado del patrimonio con el de una persona: existen tareas básicas de mantenimiento que pueden realizar las comunidades, pero cuando aparece un deterioro es necesario acudir con especialistas.
“Cada imagen requiere como su profesional y su médico especialista”, señaló.
La restauradora también destacó el papel de los llamados “cuidadores anónimos”, generaciones de personas que, desde la fe y el cariño, han protegido estas piezas y permitido que sobrevivan durante cientos de años.
Una restauración hecha entre muchas manos
En Morelos todavía existen numerosas imágenes antiguas que han recibido intervenciones poco adecuadas y que representan un reto para los especialistas.
Sin embargo, restaurarlas no significa devolverlas artificialmente al momento en que fueron creadas.
La intención es recuperar parte de aquello que las hizo especiales, pero conservando también las marcas que les dejó el tiempo y la historia de las comunidades que las han cuidado.
Eso es lo que ocurrió con Nuestra Señora de la Natividad: una imagen de casi cuatro siglos que conserva las huellas de su historia y, al mismo tiempo, recuperó parte de la belleza que permanecía escondida.
“Siempre es un honor poder prestar nuestras manos y nuestro corazón para la restauración del patrimonio”, resumió Frida Mateos González.
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