La inseguridad laboral y la falta de acceso a empleos estables son las principales fuentes de estrés psicológico entre los migrantes mexicanos en Estados Unidos, de acuerdo con una investigación realizada por Maritza Caicedo Riascos, académica del Instituto de Investigaciones Sociales. A partir de datos de la Encuesta Nacional de Salud estadounidense (National Health Interview Survey), la especialista identificó cómo las condiciones de empleo afectan el bienestar mental de esta población.
Caicedo subraya que la situación laboral de los migrantes se ha vuelto aún más compleja ante las redadas migratorias realizadas por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), lo que amerita un análisis más profundo sobre los impactos emocionales que enfrentan quienes viven en un contexto de criminalización constante.
En 2024, más de 12 millones de inmigrantes mexicanos residían en Estados Unidos, además de más de 26.5 millones de mexicoamericanos —hijos de padres mexicanos nacidos en ese país—. De ellos, el 17 por ciento de los inmigrantes y el 12 por ciento de los mexicoamericanos vivían por debajo del umbral de pobreza, en comparación con el 7.5 por ciento de los blancos no hispanos. Además, las tasas de desempleo entre ambas poblaciones fueron superiores: 5.4 por ciento y 4.5 por ciento respectivamente, frente al 3.1 por ciento de los blancos.
Aunque estas condiciones podrían anticipar un mayor deterioro en la salud mental de los migrantes, la académica encontró un dato llamativo: en general, los inmigrantes mexicanos mostraron mejor salud emocional que sus descendientes nacidos en Estados Unidos, quienes presentaron niveles más altos de angustia psicológica. Esta paradoja podría explicarse por el llamado «estrés aculturativo», es decir, la tensión derivada del intento de adaptarse a una sociedad que constantemente discrimina y no termina por reconocer a las segundas generaciones como ciudadanas plenas.
En comparación con la población blanca, tanto inmigrantes como mexicoamericanos perciben ingresos significativamente menores. Mientras los primeros ganan en promedio 45 mil dólares al año (el 59 por ciento del ingreso de un blanco no hispano), los segundos alcanzan 55 mil dólares (71 por ciento), frente a los 76 mil dólares anuales de los blancos. Además, el 36 por ciento de los mexicanos carece de cobertura médica, y el 83 por ciento no cuenta con un plan de pensiones.
Caicedo también resalta que muchos migrantes indocumentados viven en una situación aún más precaria, sin acceso a servicios públicos de salud como Medicaid, lo que agrava su vulnerabilidad. A pesar de ello, estas poblaciones no solo aportan con su trabajo en sectores que la población local rechaza —por ser mal pagados o peligrosos—, sino también a través del pago de impuestos.
La académica insiste en que es necesario mirar más allá de las estadísticas económicas y considerar factores estructurales como el racismo, la exclusión y la falta de protección social para comprender a fondo cómo estos elementos afectan la salud mental de millones de migrantes y sus familias.
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