Hoy basta con recibir un billete para reconocerlo como dinero y confiar en que tendrá el mismo valor cuando lo utilicemos para comprar algo. Pero esa confianza no siempre existió.
Durante buena parte del siglo XIX y los primeros años del XX, México vivió una etapa de gran inestabilidad monetaria. Existían distintos bancos con capacidad de emitir billetes y, durante la Revolución, la circulación de diferentes tipos de papel moneda profundizó la desconfianza de la población.
En ese contexto comenzó a tomar forma una idea que tardaría décadas en convertirse en realidad: crear un banco central que concentrara la emisión de dinero.
El resultado fue el Banco de México, inaugurado el 1 de septiembre de 1925.
Antes del Banco de México, el dinero era un problema
La historia del banco central mexicano comenzó mucho antes de 1925.
Desde el siglo XIX existieron diferentes proyectos para crear una institución que concentrara determinadas funciones monetarias. Incluso en 1822, durante el Imperio de Agustín de Iturbide, se planteó la creación de un llamado Gran Banco del Imperio Mexicano, aunque la propuesta no prosperó.
El problema se hizo todavía más complejo con el paso de los años.
El sistema bancario mexicano estaba compuesto por diversas instituciones emisoras y no existía una autoridad monetaria con las características de un banco central moderno.
La Revolución Mexicana agravó la situación.
Las diferentes facciones emitieron sus propios billetes y, en medio del conflicto, el papel moneda perdió buena parte de la confianza de la población. En algunos lugares, incluso se llegó a rechazar como medio de pago.
La consecuencia fue una economía marcada por la incertidumbre.
Una idea que quedó plasmada en la Constitución
La necesidad de crear un banco central también quedó reflejada en el proceso constitucional posterior a la Revolución.
El artículo 28 de la Constitución de 1917 estableció la idea de concentrar en una sola institución la facultad exclusiva de emitir billetes y acuñar moneda. Sin embargo, tuvieron que pasar varios años antes de que ese proyecto pudiera concretarse.
El reto no era únicamente político.
Había que definir cómo funcionaría la nueva institución, quién aportaría el capital y qué relación tendría con el Gobierno Federal y con los bancos privados.
Alberto J. Pani y Plutarco Elías Calles
La creación del Banco de México finalmente tomó forma durante el gobierno de Plutarco Elías Calles.
Uno de los principales impulsores del proyecto fue Alberto J. Pani, entonces secretario de Hacienda, quien trabajó en la organización financiera necesaria para poner en marcha la institución.
También participaron especialistas en la elaboración de la legislación, entre ellos Manuel Gómez Morin, quien formó parte de la comisión encargada de preparar la Ley Constitutiva y los estatutos del nuevo banco.
Pero conseguir los recursos para ponerlo en funcionamiento no fue sencillo.
De acuerdo con la propia historia institucional del Banco de México, las economías presupuestales realizadas en el Ejército por el entonces secretario de la Defensa, Joaquín Amaro, ayudaron a reunir los recursos necesarios para integrar el capital inicial.
El 25 de agosto se publicó la ley
La fundación tuvo un paso decisivo apenas unos días antes de la inauguración.
El 25 de agosto de 1925 fue promulgada la Ley Constitutiva del Banco de México. El ordenamiento establecía la estructura, el capital, los accionistas, la administración y las funciones de la nueva institución.
Y entonces llegó la fecha que quedó registrada en la historia financiera del país.
El 1 de septiembre de 1925 abrió sus puertas
La inauguración ocurrió el 1 de septiembre de 1925, en una ceremonia encabezada por el presidente Plutarco Elías Calles.
El nuevo Banco de México recibió la facultad exclusiva de crear moneda, tanto mediante la acuñación de piezas metálicas como mediante la emisión de billetes. También asumió funciones relacionadas con la regulación monetaria y se convirtió en agente financiero y asesor del Gobierno Federal.
La ceremonia tuvo un detalle simbólico: el primer billete emitido por el Banco de México, con denominación de cinco pesos, fue entregado como recuerdo al presidente Calles.
Era el comienzo de una nueva etapa para el dinero mexicano.
No nació como el banco central que conocemos hoy
Hay una diferencia importante entre el Banco de México de 1925 y el actual.
En sus primeros años, la institución también desempeñó funciones de carácter comercial y buscó impulsar el crédito. Incluso creó una red de sucursales para ampliar sus actividades financieras en diferentes regiones del país.
Con el paso del tiempo, sus funciones fueron transformándose.
La historia del banco atravesó distintas etapas, reformas y cambios en su relación con el Gobierno Federal.
Una de las transformaciones más importantes llegó décadas después.
¿Cuándo se volvió autónomo?
El Banco de México obtuvo autonomía constitucional en 1994, mediante una reforma al artículo 28 de la Constitución.
Con ello se estableció que el banco central sería autónomo en el ejercicio de sus funciones y en su administración, con el objetivo prioritario de procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional.
Desde entonces, su función central está estrechamente relacionada con la estabilidad de precios y el poder adquisitivo del peso.
La Junta de Gobierno, integrada por cinco miembros, toma las decisiones de política monetaria.
¿Por qué importa la historia del Banco de México?
La historia del Banco de México también es la historia de algo mucho más cotidiano: la confianza en el dinero.
Un billete es, en esencia, un pedazo de papel cuyo valor depende de que la sociedad confíe en que podrá utilizarlo para intercambiar bienes y servicios.
Después de décadas de inestabilidad monetaria, inflación, conflictos políticos y diferentes formas de emisión de dinero, México necesitaba construir precisamente esa confianza.
La creación del Banco de México fue uno de los pasos fundamentales en ese proceso.
De los billetes de cinco pesos a la política monetaria
Han pasado más de cien años desde aquella ceremonia de 1925.
El dinero mexicano ha cambiado de diseño, materiales y denominaciones. La tecnología transformó los sistemas de pago y hoy una parte importante de las operaciones económicas ocurre sin utilizar efectivo.
Pero la pregunta fundamental continúa siendo la misma:
¿Cómo conservar el valor del dinero y mantener la confianza en él?
Esa es una de las razones por las que la historia del Banco de México sigue siendo relevante.
Cuando se inauguró el 1 de septiembre de 1925, no solamente abrió sus puertas una nueva institución financiera.
Comenzó también una nueva etapa en la historia monetaria de México: la construcción de un sistema en el que el dinero tuviera detrás una institución encargada de preservar su estabilidad y la confianza de quienes lo utilizan.
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