El futuro llegó primero a la televisión.
El 8 de septiembre de 1966, una nave llamada Enterprise despegó rumbo a lo desconocido y presentó al público una idea que parecía entonces casi imposible: que la ciencia ficción podía hablar también de los problemas del presente.
Ese día se estrenó Star Trek, la serie creada por Gene Roddenberry que, seis décadas después, sigue siendo una de las franquicias más influyentes de la cultura popular.
En 2026 se cumplen 60 años de aquel primer episodio.
El inicio no fue precisamente épico
El episodio con el que la serie llegó a la televisión fue The Man Trap. La historia seguía al capitán James T. Kirk, Spock y el doctor McCoy durante una misión que pronto se convertía en una lucha contra una criatura capaz de cambiar de apariencia y sobrevivir absorbiendo sal de sus víctimas.
No era exactamente la aventura espacial que muchos espectadores terminarían asociando con Star Trek.
Pero detrás de aquella historia había una idea mucho más ambiciosa: utilizar otros mundos para hablar de éste.
Roddenberry imaginó una sociedad futura en la que personas de diferentes orígenes trabajaban juntas en una misma nave. La tripulación del Enterprise incluía personajes interpretados por actores de distintas procedencias, algo particularmente significativo para la televisión estadounidense de los años sesenta.
Una serie que no tuvo un éxito inmediato
Hoy parece difícil imaginarlo, pero Star Trek estuvo lejos de convertirse en un fenómeno desde el primer día.
La serie tuvo tres temporadas y 79 episodios, y sus índices de audiencia no fueron suficientes para mantenerla al aire durante más tiempo. NBC terminó cancelándola en 1969.
El detalle curioso es que la historia no terminó ahí.
Las retransmisiones en sindicación permitieron que nuevos espectadores descubrieran la serie. Poco a poco, Kirk, Spock, McCoy, Uhura y el resto de la tripulación dejaron de ser personajes de una producción cancelada para convertirse en parte de la cultura popular.
Lo que parecía un fracaso terminó convirtiéndose en una franquicia gigantesca.
El futuro que podía caber en una pantalla
Quizá una de las razones de su permanencia sea que Star Trek no solamente imaginó planetas lejanos.
También imaginó herramientas que parecían imposibles.
El comunicador portátil, los dispositivos de diagnóstico y el concepto del tricorder anticiparon ideas relacionadas con las comunicaciones móviles, la computación portátil y algunas tecnologías médicas. El Computer History Museum señala que estas representaciones influyeron en generaciones de tecnólogos.
La serie planteaba una pregunta que con el paso del tiempo se volvió cada vez más interesante: ¿qué ocurriría si la tecnología dejara de ser únicamente una herramienta y se convirtiera en parte cotidiana de la vida?
Décadas después, algunas de aquellas fantasías ya no parecen tan fantásticas.
El espacio como espejo de la Tierra
Pero la verdadera revolución de Star Trek no estaba solamente en sus naves, planetas o dispositivos.
Estaba en utilizar el espacio para hablar de racismo, guerra, política, discriminación, convivencia y diferencias culturales.
Roddenberry convirtió los viajes de la Enterprise en una especie de espejo de la sociedad estadounidense de los años sesenta. La serie podía colocar esos conflictos en otros planetas y, al mismo tiempo, discutir problemas que estaban ocurriendo en la Tierra.
Ahí estuvo buena parte de su fuerza.
El futuro servía para hablar del presente.
De una serie cancelada a un fenómeno mundial
Con el tiempo, Star Trek dejó de ser solamente una serie de televisión.
Llegaron películas, nuevas producciones, videojuegos, libros, convenciones y varias generaciones de personajes. La franquicia terminó convirtiéndose en una de las propiedades más reconocibles de la ciencia ficción.
También nació una comunidad de seguidores que convirtió el 8 de septiembre en una fecha especial para celebrar el universo creado por Roddenberry. El llamado Star Trek Day se ha utilizado para reunir a seguidores y actores de distintas generaciones de la franquicia.
60 años mirando hacia adelante
En 1966, Star Trek hablaba de un futuro situado siglos adelante.
Sesenta años después, algunas de sus predicciones tecnológicas parecen menos descabelladas y muchas de sus preguntas sociales continúan vigentes.
Tal vez por eso la serie consiguió algo que pocas producciones logran: no solamente imaginó cómo podría ser el futuro, sino que ayudó a varias generaciones a imaginarlo.
Y quizá ése sea su mayor legado.
Star Trek no predijo el futuro. Nos enseñó a preguntarnos cómo queríamos que fuera.
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