La cosa en Irán está que arde. Tras el ataque de Estados Unidos e Israel y la muerte del ayatolá Alí Jamenei, el mapa político y militar del Medio Oriente cambió de golpe.
Ganadores:
Estados Unidos e Israel sacan ventaja directa: la ofensiva debilitó a la Guardia Revolucionaria y frenó su programa nuclear. Arabia Saudita y las monarquías del Golfo también ven oportunidad de tomar control en la región, mientras que la oposición iraní respira con la posibilidad de un cambio político.
Perdedores:
El llamado “Eje de la Resistencia” —Hezbolá, Hamás, hutíes y Kataib Hezbolá— se queda sin su principal apoyo económico y militar. Rusia y China pierden socios estratégicos y contratos multimillonarios que tenían con Teherán.
En el medio:
Países como Reino Unido y Francia se mantienen atentos y colaboran con vigilancia aérea y protección de aliados, sin meterse de lleno en la guerra. La gente en Irán vive entre miedo y esperanza: algunos celebran la caída del líder supremo, otros lloran su muerte, pero todos enfrentan la crisis, los bombardeos y la incertidumbre del día a día.
El panorama es claro: nadie puede cantar victoria todavía y lo que pase en Irán seguirá moviendo fichas en todo el Medio Oriente.
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