La exigencia de justicia por la desaparición de Kimberly en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) es una causa que pertenece a las propias estudiantes y no a quienes buscan utilizarla como plataforma personal, señalaron alumnas de la Máxima Casa de Estudios de Morelos.

Y es que el movimiento hoy se encuentra bajo la sombra de la duda debido a la participación de activistas señaladas por priorizar su propio beneficio, y el de los grupos políticos a los que pertenecen, por encima de las demandas legítimas del alumnado.
A través de redes sociales, colectivas y estudiantes han levantado la voz para denunciar la metamorfosis del movimiento: lo que inició como un grito de justicia se ha visto tergiversado por figuras que, aseguran, actúan más como operadoras políticas que como defensoras de la causa.
La cercanía histórica con grupos políticos, aseguran, sugiere una agenda de intereses que busca manipular el reclamo social en lugar de resolver la crisis de seguridad de la UAEM.
El daño de estas prácticas es doble cuando, además de la cooptación política, se suma el ejercicio de violencia interna.
Existen denuncias públicas de agresiones verbales y simbólicas perpetradas por algunas de las “activistas” en contra de otras mujeres que, añadieron, revelan una contradicción.
“No se puede defender un movimiento feminista reproduciendo las mismas conductas que se pretenden erradicar”.
Entre los comentarios que circulan en redes sociales destaca la advertencia de que servirse de un movimiento social para escalar posiciones o proteger cuotas de poder es una afrenta directa a las víctimas.
“Debemos señalar a quienes desvirtúan las causas reales para beneficio propio, pues su permanencia solo garantiza que las instituciones sigan eludiendo su responsabilidad bajo el cobijo de una simulación de diálogo”.
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