La epilepsia es uno de los trastornos neurológicos más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los más estigmatizados. En México, se estima que entre dos y cuatro millones de personas viven con esta condición, muchas de ellas sin diagnóstico oportuno o tratamiento adecuado.
La enfermedad se caracteriza por crisis recurrentes provocadas por alteraciones en la actividad eléctrica del cerebro. Estas pueden manifestarse como convulsiones, ausencias breves, movimientos involuntarios o pérdida de la conciencia. Aunque puede presentarse a cualquier edad, su incidencia es mayor en la infancia y en adultos mayores.
Las causas son diversas. Entre las más comunes se encuentran lesiones cerebrales por traumatismos, infecciones del sistema nervioso, accidentes cerebrovasculares, tumores, alteraciones genéticas y complicaciones durante el embarazo o el parto. Sin embargo, en un porcentaje importante de los casos no se logra identificar un origen específico.
Especialistas señalan que la epilepsia no siempre se cura, pero sí puede controlarse. El tratamiento principal consiste en el uso de medicamentos anticonvulsivantes, los cuales permiten que hasta siete de cada diez pacientes mantengan las crisis bajo control. En casos más complejos, se pueden considerar alternativas como cirugía, estimulación nerviosa o terapias complementarias.
A pesar de los avances médicos, persisten retos importantes: el acceso limitado a especialistas, el costo de los medicamentos y la desinformación continúan afectando la calidad de vida de quienes padecen epilepsia. Además, el estigma social sigue siendo una barrera para la inclusión educativa, laboral y social de los pacientes.
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