Donald Trump intensificó su ofensiva sobre Cuba tras la captura de Nicolás Maduro al proponer abiertamente a Marco Rubio como posible presidente de una «Cuba libre». Esta sugerencia coincidió con el anuncio del fin inmediato del suministro de petróleo venezolano a la isla, lo cual profundiza la crisis energética del régimen cubano y activa una nueva fase en la estrategia estadounidense hacia La Habana.
El presidente de Estados Unidos respaldó desde su red Truth Social una publicación que mostraba a Rubio con la leyenda: «El próximo presidente de una Cuba libre». A esa imagen, Trump agregó: «¡Suena bien para mí!». La declaración fue interpretada como una señal directa de respaldo político a quien actualmente funge como secretario de Estado y es reconocido por su histórica postura crítica hacia el régimen cubano.
Una operación militar estadounidense en Caracas, realizada el 3 de enero, resultó en la detención de Maduro y provocó el colapso del acuerdo energético entre Venezuela y Cuba. Desde entonces, la isla dejó de recibir petróleo, su principal fuente externa de energía. En respuesta, Trump escribió: «NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA: CERO». También afirmó: «Venezuela ahora tiene la protección del ejército de los Estados Unidos, por lo que ya no necesita a Cuba».
Un vínculo familiar y político con la isla
Hijo de inmigrantes cubanos, y figura central del exilio en Florida durante décadas, Marco Rubio mantuvo un rol activo en la política hacia la isla. Desde su infancia, estuvo ligado simbólicamente a la lucha contra el comunismo en la isla. En sus memorias An American Son, Rubio relató que de niño fantaseaba con «liderar un ejército de exiliados para derrocar a Fidel Castro y convertirme en presidente de una Cuba libre».
Su ascendencia cubana y su historia familiar han marcado su trayectoria política. Nacido en Miami en 1971, Rubio creció escuchando relatos sobre la Cuba pre y postrevolucionaria. A lo largo de su carrera, fue un férreo crítico del régimen castrista y promotor de sanciones contra gobiernos aliados, como Venezuela y Nicaragua.
La propuesta de Trump se da en un contexto de emergencia energética en Cuba. Según datos de la Universidad de Texas, los envíos de crudo desde Venezuela se redujeron a solo 16 mil barriles diarios en 2025. El colapso de ese acuerdo generó apagones diarios y una creciente dependencia de suministros de países como México, que enfrenta presión diplomática para suspender las exportaciones a la isla.
Desde el gobierno cubano, las reacciones fueron inmediatas. El canciller Bruno Rodríguez declaró: «Cuba no recibe ni ha recibido nunca compensación monetaria o material por los servicios de seguridad que haya prestado a algún país». En tanto, el presidente Miguel Díaz-Canel afirmó: «Cuba es una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dicta qué hacer».
En los círculos políticos del sur de Florida, la figura de Rubio volvió a posicionarse con fuerza en medio del nuevo escenario regional. Líderes del exilio y aliados republicanos lo presentan como un actor clave para una eventual transición en Cuba. «Si yo viviera en La Habana y estuviera en el Gobierno, estaría preocupado», declaró Rubio tras los hechos recientes.
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