La violencia contra la prensa y la impunidad continúan marcando el ejercicio periodístico en América Latina y el Caribe. De acuerdo con el listado final 2025 de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), al menos 11 periodistas y trabajadores de medios fueron asesinados en la región durante el último año, mientras que otros ocho casos permanecen bajo investigación o sin confirmación oficial de su vínculo con la labor informativa.
El informe vuelve a colocar a la región entre las más peligrosas del mundo para el periodismo. México concentra el mayor número de casos totales, con tres asesinatos confirmados y cinco más en investigación, seguido por Perú, donde se registraron cuatro crímenes vinculados directamente al ejercicio periodístico tras casi una década sin casos similares. Ecuador, Guatemala, Colombia y Honduras también figuran en el recuento, con víctimas que en su mayoría trabajaban en medios locales, comunitarios o digitales y que investigaban temas como corrupción, crimen organizado, violencia política y abusos de poder.
La FIP advierte que muchos de los periodistas asesinados habían recibido amenazas previas o se encontraban en situaciones de riesgo conocidas, sin que existieran mecanismos de protección eficaces. En varios países, la falta de avances en las investigaciones y la ausencia de confirmación oficial sobre el móvil de los crímenes reflejan, según la organización, un patrón estructural de debilidad institucional, demoras judiciales y falta de voluntad política.
Además de los homicidios, el informe documenta atentados, amenazas y agresiones físicas contra periodistas, especialmente durante coberturas de protestas sociales. También alerta sobre el aumento de la judicialización de la labor periodística como una forma de presión que fomenta la autocensura y el silenciamiento.
Para la FIP, la impunidad sigue siendo el principal factor que permite la repetición de la violencia. En la mayoría de los casos registrados en 2025 no se ha identificado a los autores intelectuales ni se han logrado avances sustantivos. Este escenario envía un mensaje alarmante: asesinar a un periodista en América Latina y el Caribe sigue siendo un crimen de bajo riesgo.
La Federación subraya que cada asesinato no solo representa una vida perdida, sino un ataque directo al derecho de las sociedades a estar informadas y a la democracia misma. Por ello, exigió a los Estados de la región investigaciones prontas, exhaustivas e independientes, así como políticas integrales de prevención, protección y combate a la impunidad para garantizar el ejercicio libre y seguro del periodismo.
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