La comunidad mexicana en Nueva York, una de las más numerosas de la ciudad, celebró este 15 de septiembre el tradicional Grito de Independencia en el Sunset Park de Brooklyn. A diferencia de años anteriores, cuando las celebraciones alcanzaban grandes dimensiones en espacios icónicos como Times Square, este 2025 la festividad se llevó a cabo en un ambiente más familiar, discreto y con fuertes medidas de precaución.
Convocados por el Consulado de México, cientos de connacionales comenzaron a llegar al parque desde las cuatro de la tarde, justo cuando los padres recogían a sus hijos de la escuela. Entre puestos de tacos, antojitos y banderitas tricolores que se vendían en cada esquina, el ambiente se llenó de música mexicana con temas de Selena Quintanilla, Maná y La Sonora Santanera, cuyas canciones fueron coreadas por los presentes.
Las figuras de un cabezudo de Vicente Fernández a caballo y un enmascarado pusieron el toque pintoresco a la jornada, mientras vendedores ambulantes ofrecían churros, fruta, pulseras y camisetas alusivas a México. Familias enteras se instalaron en el césped del parque, disfrutando del sol de septiembre a la espera de que la fiesta se animara al caer la noche.
Aunque la alegría fue evidente, también lo fue la cautela. Durante los festejos, las bocinas recordaban constantemente las medidas de seguridad: fijar un punto de encuentro, mantenerse en contacto con sus acompañantes y acudir a personal de seguridad en caso de extravío. “Aquí la gente viene a disfrutar”, comentó una vendedora, quien afirmó no sentir miedo pese a la tensión migratoria que atraviesa Estados Unidos.
La presidenta Claudia Sheinbaum había exhortado días antes a los mexicanos en el extranjero a no cancelar las celebraciones, pero a realizarlas con precaución. Esto luego de que, en ciudades como Chicago y Los Ángeles, los organizadores optaran por suspender el Grito ante temores de redadas migratorias.
El contexto explica la diferencia con años pasados: en 2024, unas 40 mil personas abarrotaron Times Square en una celebración masiva, mientras que este año el consulado decidió trasladar la sede a un espacio más abierto y menos céntrico como Sunset Park.
Al cierre del día, los connacionales celebraron entre música, antojitos y gritos de orgullo, pero también con un ambiente marcado por la prudencia. “Yo aquí vengo a bailar, no a hablar de política”, dijo un paisano con camiseta verde, resumiendo el espíritu de esta edición: mantener viva la tradición, aunque sea sin hacer demasiado ruido.
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