En días recientes, comenzó a circular la versión de que el teporingo, también conocido como zacatuche o conejo de los volcanes, se había extinguido en el Nevado de Toluca, lo que encendió las alarmas sobre la situación de esta especie endémica de México.
Aunque especialistas han señalado que aún no se confirma su desaparición total, advierten que su hábitat está cada vez más reducido y que la intervención humana representa una amenaza constante para su sobrevivencia.
Es difícil sacarlo de ese estatus porque existen varios problemas dentro de las zonas montañosas donde vive, como la tala inmoderada, la recolecta de madera y el aprovechamiento de recursos como los hongos y otros productos que, al final, perturban la zona de alguna forma. Su hábitat está fragmentado debido a que en muchas ocasiones se construyen carreteras que dividen las zonas boscosas en donde habita. Al ser un organismo tan pequeñito en un entorno transformado, corre un alto riesgo de extinción. “Además, al teporingo no le gusta convivir con los humanos”.
Otro factor que agrava la situación es su lenta reproducción. A diferencia de los conejos comunes que pueden tener entre 10 y 20 crías, el teporingo suele tener camadas muy pequeñas, de apenas dos gazapos. Esto hace mucho más difícil la recuperación de su población.
El problema es que “no se puede conservar a una especie sin su medio ambiente y sin los animales con los que convive, porque entonces no tendría ni alimento ni depredadores”. Por ello, la protección del hábitat y la reducción de la intervención humana son claves para evitar que el teporingo desaparezca de forma definitiva.
Información: UNAM Global
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