El conflicto territorial entre Tailandia y Camboya se ha reavivado con una intensidad alarmante. Desde el pasado 24 de julio, una serie de enfrentamientos armados en la zona fronteriza ha dejado al menos 20 muertos y más de 100 mil personas desplazadas, mientras la tensión continúa escalando sin señales claras de una tregua.
Los choques se concentran en seis puntos críticos a lo largo de la frontera, especialmente en los alrededores del templo Prasat Ta Moan Thom. Las provincias tailandesas de Surin, Buriram y Ubon Ratchathani, así como las camboyanas Preah Vihear y Oddar Meanchey, son las más afectadas por los ataques, que han incluido el uso de artillería pesada, tanques e incluso aviones F-16.
Las autoridades tailandesas acusaron al ejército camboyano de bombardear zonas civiles y colocar minas en caminos utilizados por pobladores. En respuesta, Phnom Penh rechazó las acusaciones y defendió su “derecho soberano” a responder frente a lo que llamó una “brutal agresión militar”. Mientras tanto, el diálogo diplomático entre ambos países colapsó con la retirada de sus embajadores respectivos.
Del lado tailandés, el Ministerio del Interior confirmó la evacuación de más de 100 mil personas, quienes han sido reubicadas en cerca de 300 refugios temporales. En Camboya, unas 5 mil personas también fueron desplazadas, principalmente de aldeas cercanas a los templos en disputa.
Este nuevo episodio revive una disputa centenaria: el origen del conflicto remonta a 1907, cuando Francia —entonces potencia colonial en Camboya— trazó la frontera entre ambos países. Aunque la Corte Internacional de Justicia falló en 2013 a favor de Camboya sobre el control del templo Preah Vihear, Tailandia nunca quedó conforme con el resultado. La reciente muerte de un soldado camboyano en mayo habría detonado nuevamente las hostilidades.
Las consecuencias del conflicto ya se reflejan también en el terreno económico. El baht tailandés sufrió una caída del 0.3% frente al dólar estadounidense y la bolsa de valores SET retrocedió un 1%, reflejando la creciente inestabilidad en la región.
Diversas potencias internacionales se han pronunciado ante el conflicto. China instó al diálogo, Japón pidió moderación, mientras Estados Unidos y Francia emitieron un comunicado conjunto para exigir el cese inmediato de las hostilidades. Por su parte, la ONU convocó a una sesión urgente a puerta cerrada.
Por ahora, no hay indicios de negociaciones formales ni de un alto al fuego. La comunidad internacional observa con preocupación una situación que amenaza con escalar aún más, afectando tanto a la población civil como a sitios patrimoniales de alto valor cultural en ambos países.
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