Irma Hernández Cruz, de 62 años, fue secuestrada a plena luz del día mientras trabajaba como taxista en el centro de Álamo Temapache, al norte de Veracruz. Días después apareció en un video estremecedor: arrodillada, esposada y rodeada por hombres armados que le apuntaban con rifles de asalto.
Con voz firme, pero visiblemente bajo amenaza, Irma dijo: “Mi nombre es Irma Hernández Cruz, manejo el taxi 554… con la Mafia Veracruzana no se juega”. La grabación, difundida en redes sociales, finaliza con una advertencia a sus compañeros taxistas: “Paguen su cuota como debe de ser o van a terminar como yo”.
La noche del miércoles, seis días después de su desaparición, las autoridades confirmaron que el cuerpo de Irma fue hallado en un rancho entre las comunidades de Buenos Aires y Tepetzintlilla, a más de 40 kilómetros del lugar donde fue levantada.
Irma no solo era maestra jubilada, sino también propietaria de dos taxis. Se sabe que recibía amenazas por parte de extorsionadores que exigen “cuota” a transportistas y comerciantes locales. Su caso pone rostro a una violencia que asfixia a miles de familias en la frontera entre Veracruz y Tamaulipas, una de las más disputadas por el crimen organizado.
Las autoridades estatales atribuyen el crimen a la llamada Mafia Veracruzana, una célula ligada al Grupo Sombra, división del Cártel del Golfo. Este grupo ha sembrado el terror en municipios como Poza Rica, Tuxpan y Naranjos, y mantiene disputas con el Cártel Jalisco Nueva Generación.
La Fiscalía de Veracruz aseguró que no habrá impunidad. Sin embargo, organizaciones como el Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres han alertado que en el estado se han registrado al menos 30 asesinatos de mujeres en lo que va del año.
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