Todo comenzó cuando se revelaron vínculos del que fuera su secretario de Seguridad en Tabasco, Hernán Bermúdez Requena —conocido como “El Comandante H”— con el crimen organizado. Bermúdez, quien fue nombrado por López en diciembre de 2019, es señalado como presunto líder del grupo criminal “La Barredora”, vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
Actualmente está prófugo y tiene ficha roja de Interpol. La información, que salió a la luz gracias a filtraciones de Guacamaya Leaks y reportes de inteligencia militar, muestra que Bermúdez habría utilizado su puesto para operar redes criminales dentro del aparato estatal. A pesar de que ya existían sospechas sobre sus actividades, López lo sostuvo en el cargo hasta el fin de su mandato. Incluso el actual gobernador, Javier May, también de Morena, acusó directamente a López de haber protegido a “La Barredora” durante su gestión.
Frente a las crecientes críticas, Adán Augusto guardó silencio durante varios días, lo que generó una ola de especulaciones y presiones internas dentro del partido. Fue hasta el Consejo Nacional de Morena, celebrado el 20 de julio, cuando reapareció públicamente. Ahí, López calificó todo el escándalo como “politiquería”, negó cualquier responsabilidad y aseguró que ya había dado su versión a las autoridades competentes, reiterando que estaba a disposición de la ley.
Sin embargo, su declaración fue ambigua y no terminó de convencer a todos. Mientras que una parte importante del partido cerró filas a su alrededor —con gritos de “¡No estás solo!” incluidos—, otras figuras de peso, como Claudia Sheinbaum, instaron a que diera una explicación más clara. Sheinbaum dijo que sería “pertinente” que López hablara abiertamente del caso, en un intento por sostener la narrativa de renovación ética de Morena.
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