La obesidad infantil se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública en México, donde 37 por ciento de las y los menores viven con esta condición. El fenómeno, que ha ido en aumento en las últimas décadas, está ligado a cambios en los patrones alimenticios impulsados por el modelo neoliberal, el cual ha promovido entornos más consumistas y dependientes de productos ultraprocesados.
De acuerdo con el doctor Simón Barquera Cervera, especialista en nutrición aplicada y presidente de la Federación Mundial de Obesidad, esta situación se ha agravado con el paso del tiempo. Hace dos décadas, uno de cada cinco niños presentaba sobrepeso u obesidad; hoy, la proporción es de uno de cada tres.
“El problema se ha desplazado a edades más tempranas. Antes se veía sobrepeso, obesidad o diabetes en adultos; ahora vemos cada vez más casos en niñas, niños y adolescentes”, afirmó Barquera. A su juicio, los alimentos ultraprocesados no solo sustituyen la dieta natural, sino que alteran el metabolismo desde etapas tempranas, provocando enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, asma, apnea de sueño, ansiedad y depresión.
La última Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2020-2022 muestra que el 37.3% de las niñas y niños de entre 5 y 11 años ya presentan sobrepeso u obesidad. En adolescentes de 12 a 19 años, el porcentaje subió del 33.2% en 2006 a un preocupante 41.1% en 2022.
En todos los grupos de edad se observa una tendencia diferenciada por género: las mujeres tienden a presentar más sobrepeso, mientras que los hombres desarrollan más casos de obesidad. Estas diferencias han sido constantes en todas las encuestas nacionales de salud.
Ante esta crisis, el gobierno de México ha implementado medidas como la prohibición de venta de productos chatarra, bebidas azucaradas y dulces en las escuelas públicas, con el objetivo de revertir esta tendencia.
Especialistas subrayan que la alimentación en los primeros años de vida es clave para prevenir enfermedades a largo plazo. “Una mala dieta infantil puede afectar incluso el número de células que almacenan grasa, lo que predispone a la obesidad en la adultez”, advierte Barquera.
Además del impacto físico, la obesidad en la infancia está asociada a problemas de autoestima, ansiedad, depresión y dificultades sociales, lo que agrava aún más sus consecuencias en la vida de niñas, niños y adolescentes.
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