En México, numerosos niños con altas capacidades intelectuales son erróneamente diagnosticados con trastornos como TDAH o autismo, debido a evaluaciones inadecuadas y la falta de formación especializada entre docentes y profesionales de la salud mental. Esta situación ha llevado a que muchos de ellos reciban medicación innecesaria que puede afectar su desarrollo.
Así lo denunció Alejandro Lara Muriedas, director académico del Centro de Desarrollo Integral para Sobredotados (CEDIS), en entrevista con NotiPress. “Un mal diagnóstico es lo mismo que arruinarle la vida a un niño”, afirmó el especialista, quien señala que el reconocimiento de estos menores suele darse tardíamente y en contextos problemáticos.
Comportamientos como la inquietud constante, preguntas frecuentes o dificultades de adaptación en el aula suelen ser malinterpretados como señales de un trastorno, cuando en realidad podrían ser manifestaciones de alta capacidad. Ante esta confusión, algunos profesionales optan por prescribir tratamientos médicos que no solo resultan innecesarios, sino potencialmente perjudiciales.
Lara subraya que lo que estos niños necesitan no es medicación, sino un entorno educativo que se adapte a sus características cognitivas y emocionales. “Lo más probable es que incluso muchos psicólogos lo identifiquen como un niño con TDAH o con autismo”, dijo.
A esta problemática se suma la llamada disincronía emocional, un fenómeno frecuente en niños con altas capacidades, donde el desarrollo intelectual supera al emocional, lo que complica su integración social y escolar. De no ser comprendidos adecuadamente, estos menores enfrentan estigmatización, aislamiento y pérdida de autoestima.
Alba de Mingo, presidenta de la asociación española EducaDe, coincidió en que el entorno escolar muchas veces contribuye al problema al no contar con herramientas para identificar y atender adecuadamente a estos alumnos. “Un mal diagnóstico no solo condiciona el desarrollo académico, también deja huellas emocionales profundas”, advirtió.
Ambos especialistas señalaron que tanto en México como en España se trabaja por fortalecer la capacitación docente y establecer protocolos claros de identificación, pero el avance es lento. Mientras tanto, miles de niños permanecen invisibles para el sistema educativo y reciben tratamientos que no necesitan.
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