A simple vista, La Malinche es una enorme montaña que domina el paisaje entre Puebla y Tlaxcala. Pero detrás de sus laderas hay mucho más que un destino para montañistas: es un territorio que concentra biodiversidad, almacena agua, conserva vestigios de antiguas prácticas culturales y forma parte de la historia ambiental de México.
La montaña, cuyo nombre también aparece como Matlalcueye o Matlalcuéyatl, alcanza aproximadamente 4 mil 462 metros sobre el nivel del mar y es considerada la quinta montaña más alta de México. Forma parte del Eje Neovolcánico y destaca por encontrarse relativamente aislada de otras grandes elevaciones.
Y hay una fecha que explica por qué este paisaje tiene una categoría especial: el 6 de octubre de 1938 fue decretado Parque Nacional.
La protección comenzó hace 88 años
El decreto presidencial de 1938 estableció la protección de la montaña Malinche o Matlalcuéyatl como Parque Nacional. La decisión buscaba conservar sus bosques y frenar procesos como los desmontes, la expansión agrícola y el deterioro del hábitat.
Actualmente, el Parque Nacional comprende 46 mil 112.24 hectáreas distribuidas entre Puebla y Tlaxcala. La zona abarca distintos municipios de ambos estados y forma parte de una de las regiones naturales más importantes del centro de México.
En 2026, el INAH incluso inició un seminario dedicado a estudiar la Matlalcueye desde tres perspectivas: territorio, biodiversidad y memoria, una forma de entender que la montaña no es únicamente un espacio natural, sino también un referente cultural para las comunidades que viven a su alrededor.
¿Por qué La Malinche es importante para el agua?
Una de las razones menos visibles de su importancia está debajo del suelo.
La montaña forma parte de las cuencas de los ríos Atoyac y Guadalupe y contribuye a la disponibilidad de agua de la región mediante la infiltración y los mantos freáticos. Por eso, conservar sus bosques y suelos también tiene consecuencias para las poblaciones asentadas en Puebla y Tlaxcala.
En otras palabras: una montaña no solamente se contempla. También puede funcionar como una infraestructura natural que ayuda a captar, infiltrar y regular agua.
Un bosque que esconde cientos de especies
La Malinche es también un importante refugio de flora y fauna.
La CONANP reporta más de 900 especies descritas dentro del área protegida. Entre las especies representativas aparecen el gato montés, la codorniz de Moctezuma, salamandras, víboras de cascabel y distintas especies de pinos, oyameles, ailes y encinos.
Los ecosistemas cambian conforme aumenta la altitud. En el parque existen bosques de coníferas, encinares, oyameles, pastizales y otras comunidades vegetales.
Esta diversidad hace que la montaña sea mucho más que el cono volcánico que puede observarse desde las ciudades.
Antes del Parque Nacional ya era un territorio con significado
La relación con La Malinche tampoco comenzó en el siglo XX.
Investigaciones del INAH han documentado la existencia de prácticas rituales y una relación cultural de larga duración con la montaña. En torno a ella existen espacios vinculados con nacimientos de agua, barrancas, zonas volcánicas y otros lugares considerados significativos por las comunidades.
El propio nombre Matlalcueye pertenece a esa historia. Fuentes históricas lo relacionan con una figura femenina vinculada al agua y con una antigua veneración de la montaña.
Con el paso de los siglos, el nombre de la montaña también quedó asociado con Malintzin o Malinche, la mujer indígena que desempeñó un papel como intérprete y mediadora durante la Conquista. La propia CONANP reconoce esa relación histórica en la explicación del nombre del área natural protegida.
No es lo mismo La Malinche que Malintzin
Aquí existe una confusión frecuente.
La Malinche, cuando se habla de la montaña, es el nombre popular de Matlalcueye.
Malintzin, en cambio, fue la mujer indígena conocida también como Marina o Doña Marina, cuya participación como intérprete y mediadora durante la Conquista ha sido objeto de numerosas investigaciones.
El INAH ha señalado que reducir a Malintzin a la imagen negativa de “La Malinche” como sinónimo de traición es una interpretación posterior que no refleja toda la complejidad de su trayectoria histórica.
La coincidencia de nombres explica buena parte de la confusión, pero se trata de dos referentes diferentes.
También es una montaña para quienes buscan altura
La Malinche es uno de los destinos de montaña más conocidos del centro del país. La zona cuenta con espacios para actividades como montañismo, campismo y ciclismo de montaña, además de barrancas, manantiales y otros atractivos naturales.
Pero visitar un área natural protegida también implica respetar sus reglas: utilizar los caminos autorizados, acampar únicamente en zonas permitidas y evitar extraer flora o fauna, entre otras medidas de conservación.
Una montaña que sigue cambiando
La Malinche enfrenta los mismos desafíos que muchas áreas naturales del centro de México: transformación del territorio, presión sobre los recursos naturales, pérdida de vegetación y cambios en las actividades humanas.
Por eso, su conservación no depende únicamente de mantener intacta la cima. También implica proteger bosques, suelos, agua, fauna, comunidades y prácticas culturales.
A 88 años de su decreto como Parque Nacional, La Malinche sigue siendo una pieza fundamental del paisaje entre Puebla y Tlaxcala. Su historia demuestra que una montaña puede ser al mismo tiempo volcán, reserva de biodiversidad, fuente de agua, territorio sagrado y memoria viva.
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