El ataque ocurrido en una secundaria de Torreón, Coahuila, puso nuevamente bajo la lupa a las comunidades digitales conocidas como incel, luego de que autoridades investigaran posibles vínculos de los dos jóvenes detenidos con este tipo de espacios en internet.
La Fiscalía General del Estado de Coahuila analiza publicaciones, imágenes y otros elementos digitales relacionados con los hermanos de 18 años señalados por el ataque contra la Secundaria General número 13, en el ejido La Unión. El hecho dejó una subdirectora muerta y varias personas heridas.
El fiscal Federico Fernández Montañez señaló que entre las pertenencias de los jóvenes fueron localizadas imágenes relacionadas con autores de ataques ocurridos en escuelas y universidades de otros países. También indicó que las primeras entrevistas aportaron indicios sobre un posible interés de los detenidos por pertenecer a comunidades que exaltan a perpetradores de hechos violentos.
Sin embargo, la propia investigación se encuentra en una etapa inicial. Por ello, no se ha establecido oficialmente que los dos jóvenes fueran integrantes de la comunidad incel. Un investigador de la UNAM consultado sobre el fenómeno consideró prematuro hacer esa afirmación y planteó la necesidad de analizar cómo circulan estas narrativas entre jóvenes a través de plataformas digitales.
¿Qué significa “incel”?
La palabra incel proviene del inglés involuntary celibate, que puede traducirse como “célibe involuntario”. El término surgió originalmente en internet para describir a personas que experimentaban dificultades para establecer relaciones afectivas o sexuales.
Su origen no estuvo ligado necesariamente a la violencia ni al odio contra las mujeres. Con el paso del tiempo, sin embargo, algunas comunidades digitales adoptaron el concepto y desarrollaron discursos caracterizados por el resentimiento, la misoginia y la idea de que las mujeres son responsables de la frustración afectiva de determinados hombres.
Estas comunidades forman parte de un ecosistema más amplio conocido como “manósfera”, que agrupa distintos espacios digitales centrados en discursos sobre masculinidad, relaciones entre hombres y mujeres y supuestos agravios contra los varones.
No todos los hombres que utilizan el término incel participan en grupos violentos ni todas las personas que tienen dificultades para establecer relaciones afectivas forman parte de esta subcultura. El problema aparece cuando determinados espacios convierten la frustración personal en discursos de odio o llegan a glorificar agresiones.
De la frustración al discurso de violencia
Uno de los aspectos que preocupa a investigadores y autoridades es la manera en que algunas comunidades pueden convertir el resentimiento en una identidad colectiva.
En determinados foros se han construido jerarquías y etiquetas para clasificar a hombres según su apariencia, éxito social o capacidad para establecer relaciones. Dentro de los sectores más radicalizados, también han aparecido mensajes que presentan la violencia como una forma de venganza.
Investigaciones académicas y casos internacionales han documentado la relación entre algunos perpetradores de ataques y comunidades digitales de este tipo. Sin embargo, pertenecer o interactuar con una comunidad incel no permite por sí mismo explicar o predecir una conducta violenta.
La conexión debe establecerse caso por caso mediante evidencia sobre las motivaciones, publicaciones, contactos y acciones de la persona investigada.
¿Qué relación tiene con el caso de Torreón?
En el caso de Torreón, la hipótesis surgió a partir de contenido publicado en redes sociales que las autoridades atribuyen preliminarmente a uno de los jóvenes.
Entre las imágenes que circularon antes del ataque aparecen referencias a otros perpetradores de agresiones violentas. La Fiscalía trabaja para determinar la autenticidad de esas publicaciones y establecer si realmente fueron realizadas por alguno de los detenidos.
El ataque ocurrió el 1 de octubre en la Secundaria General número 13. Los dos jóvenes, hermanos gemelos y exalumnos del plantel, fueron detenidos después de ingresar a la escuela y agredir a personas dentro de las instalaciones. La investigación oficial todavía busca determinar el motivo de la agresión.
Por ahora, la posible conexión con la subcultura incel constituye una línea de investigación y no una explicación definitiva de lo ocurrido.
Un fenómeno que también ha aparecido en otros casos
El interés por estas comunidades aumentó en México después de otros ataques en los que investigadores y autoridades encontraron referencias a contenidos misóginos o a perpetradores de agresiones anteriores.
Uno de los casos mencionados como antecedente ocurrió en septiembre de 2025 en el CCH Sur de la UNAM, donde un joven atacó con un arma blanca y mató a un estudiante, además de herir a un trabajador del plantel. Posteriormente, las autoridades y especialistas analizaron sus publicaciones y posibles vínculos con comunidades incel.
Otro caso ocurrió en marzo de 2026 en una preparatoria de Lázaro Cárdenas, Michoacán. De acuerdo con reportes citados por investigadores, el adolescente señalado por el ataque había publicado previamente fotografías del arma y contenido relacionado con comunidades de este tipo.
Estos antecedentes han llevado a especialistas a poner atención no sólo en las comunidades incel, sino en el entorno digital en el que circulan contenidos que pueden normalizar el odio, la misoginia o la admiración por autores de ataques.
El reto: detectar el riesgo sin estigmatizar
El debate abierto por el caso de Torreón también plantea una dificultad: distinguir entre malestar emocional, aislamiento social, consumo de contenido polémico y una verdadera radicalización hacia la violencia.
Los especialistas advierten que no existe una relación automática entre estos factores. Por ello, identificar señales de riesgo requiere analizar el conjunto de conductas de una persona y no únicamente las comunidades digitales que frecuenta.
En Torreón, esa tarea corresponde ahora a las autoridades investigadoras, que deberán determinar si las publicaciones atribuidas a los detenidos son auténticas, qué significado tenían y, sobre todo, si existe una relación demostrable entre ese contenido y el ataque contra la comunidad escolar.
Mientras esas diligencias continúan, el término “incel” volvió al debate público. Más que una etiqueta para explicar por sí sola una tragedia, el caso exhibe el desafío de entender cómo determinados discursos de odio pueden circular y radicalizarse en espacios digitales, especialmente entre jóvenes.
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