El Colegio de México suele asociarse con la investigación histórica, las ciencias sociales, la literatura y los estudios sobre México y el mundo. Pero su origen está ligado a una historia mucho más amplia: la llegada a México de intelectuales españoles que huían de la Guerra Civil y del franquismo.
Lo que comenzó como un proyecto para dar refugio y continuidad al trabajo académico de esos exiliados terminó convirtiéndose en una institución permanente que durante décadas ha formado investigadores y producido algunas de las obras más influyentes de las ciencias sociales y las humanidades en México.
La historia comenzó antes de que existiera formalmente El Colegio de México.
Primero fue la Casa de España
En 1938, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, México creó la Casa de España en México, una institución destinada a recibir a académicos e intelectuales españoles cuyas actividades habían quedado interrumpidas por la Guerra Civil española.
La iniciativa tuvo entre sus principales impulsores a Daniel Cosío Villegas, quien buscó que México ofreciera un espacio para que científicos, escritores, profesores y otros especialistas pudieran continuar con su trabajo.
La Casa de España no fue solamente un refugio. También permitió que buena parte de ese conocimiento entrara en contacto con las universidades y centros culturales mexicanos.
En marzo de 1939, Alfonso Reyes fue nombrado presidente de la Casa de España y de su patronato. Con él comenzó a consolidarse un proyecto intelectual que tendría consecuencias mucho más duraderas de las previstas originalmente.
El exilio terminó transformando a México
La Guerra Civil española terminó en 1939, pero el regreso de los intelectuales exiliados no era una posibilidad segura para muchos de ellos.
México recibió entonces a miles de españoles que escapaban de la persecución y de las consecuencias de la dictadura franquista. Entre ellos había abogados, médicos, arquitectos, ingenieros, científicos, periodistas, filósofos, historiadores y escritores.
La Casa de España comenzó así a dejar de ser un proyecto temporal.
El conocimiento que llegó con aquellos exiliados se incorporó a la vida académica mexicana y contribuyó a crear nuevas comunidades de investigación.
El 8 de octubre de 1940 ocurrió el cambio decisivo
Aquí hay una precisión histórica interesante.
El 8 de octubre de 1940, el patronato de la Casa de España se reunió para elaborar las bases constitutivas y los estatutos que darían nacimiento legal a El Colegio de México.
El 16 de octubre se firmó formalmente el acta constitutiva que estableció jurídicamente a la nueva institución. Por eso algunas fuentes utilizan el 8 y otras el 16 de octubre al hablar de su fundación.
La transformación significó algo más que cambiar un nombre.
La Casa de España había nacido con un propósito relacionado con el exilio; El Colegio de México fue concebido como una institución permanente de investigación y enseñanza superior.
Sus socios fundadores fueron el Gobierno federal, el Banco de México, el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Nacional Autónoma de México.
Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas, dos figuras clave
Dos nombres aparecen inevitablemente cuando se cuenta esta historia: Alfonso Reyes y Daniel Cosío Villegas.
Reyes aportó una trayectoria intelectual que incluía literatura, diplomacia, ensayo y una larga experiencia en instituciones culturales.
Cosío Villegas, por su parte, tuvo un papel fundamental en la construcción institucional y académica del proyecto. También fue fundador del Fondo de Cultura Económica y una figura central en el desarrollo de las ciencias sociales en México.
Ambos ayudaron a definir el carácter de la nueva institución.
Una institución que comenzó con pocos recursos
El prestigio actual de El Colegio de México puede hacer olvidar que sus primeros años estuvieron lejos de ser cómodos.
Durante sus primeros años, la institución utilizó espacios prestados y pasó por distintas sedes antes de contar con un edificio propio. Su primer centro de estudios, el Centro de Estudios Históricos, fue creado en 1941 bajo la dirección de Silvio Zavala.
Con el tiempo se fueron consolidando nuevas áreas de investigación.
La institución se especializó particularmente en humanidades y ciencias sociales, con una apuesta por mantener una comunidad académica relativamente pequeña y altamente especializada.
De la historia a la economía, la sociología y las relaciones internacionales
El Colegio de México no se quedó únicamente en los estudios históricos.
Actualmente cuenta con centros dedicados, entre otras áreas, a los estudios históricos, lingüísticos y literarios, internacionales, de Asia y África, económicos, demográficos, urbanos y ambientales, sociológicos y de género.
También ofrece programas de licenciatura, maestría y doctorado, además de cursos de especialización.
Su trabajo ha permitido estudiar desde la historia política y económica de México hasta fenómenos como la migración, la desigualdad, la población, las relaciones internacionales, el lenguaje y los cambios sociales.
Una biblioteca que también cuenta la historia
Otro de los grandes recursos de El Colegio de México es la Biblioteca Daniel Cosío Villegas.
Su acervo supera los 700 mil volúmenes y está especializado en ciencias sociales y humanidades. La biblioteca también cuenta con recursos electrónicos y digitales y está abierta al público.
Eso significa que una institución nacida en medio de una crisis internacional terminó construyendo también uno de los acervos especializados más importantes para estudiar a México y al mundo hispánico.
Libros que ayudaron a explicar a México
El Colegio de México también ha tenido una influencia importante a través de sus publicaciones.
Entre las obras vinculadas con la institución están proyectos fundamentales para el estudio del país, como la Historia General de México y el Diccionario del Español de México.
También desde sus aulas e investigaciones se desarrollaron trabajos que terminaron convirtiéndose en referencias para historiadores, sociólogos, economistas, lingüistas y otros especialistas.
La institución ha sido además una escuela para varias generaciones de investigadores que posteriormente participaron en universidades, centros de investigación, organismos públicos y otras instituciones académicas dentro y fuera de México.
De refugio para exiliados a institución mexicana
Quizá ahí está la parte más interesante de su historia.
El Colegio de México nació gracias a una circunstancia internacional dramática: la persecución y el exilio provocados por la Guerra Civil española y posteriormente por el franquismo.
Pero aquello que originalmente debía ser una respuesta temporal terminó integrado a la vida intelectual mexicana.
La Casa de España recibió a científicos, artistas y académicos que llegaron con sus propias experiencias y tradiciones intelectuales. El Colegio de México convirtió buena parte de ese legado en un proyecto académico mexicano con vocación internacional.
La propia institución resume sus orígenes como el paso de la Casa de España —su antecedente entre 1938 y 1940— hacia el Colegio que comenzó a construirse en octubre de 1940.
Una historia que empezó con el exilio y terminó mirando hacia el futuro
Más de ocho décadas después, El Colegio de México conserva una característica que estuvo presente desde sus primeros años: la investigación como una forma de entender los grandes problemas de la sociedad.
Su historia también recuerda algo poco común: una crisis política y humanitaria que obligó a miles de personas a abandonar España terminó generando, al otro lado del Atlántico, una de las instituciones académicas más importantes del mundo hispánico.
El Colegio de México no nació únicamente como una escuela.
Nació de una emergencia histórica y terminó convirtiéndose en una casa permanente para estudiar, investigar y pensar a México y al mundo.
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