Mafalda apareció por primera vez en 1964, dejó de publicarse nueve años después y, sin embargo, continúa hablando de un mundo que todavía se parece demasiado al suyo.
Hay personajes que pertenecen a una época y otros que consiguen escapar de ella.
Mafalda es de los segundos.
La niña de cabello oscuro creada por el dibujante argentino Joaquín Salvador Lavado Tejón, Quino, apareció por primera vez el 29 de septiembre de 1964 en el semanario argentino Primera Plana.
Tenía seis años, una mirada incómoda hacia los adultos y una costumbre que terminaría convirtiéndose en su principal característica: preguntar.
Preguntaba por la guerra, la política, la economía, la familia, el futuro y las contradicciones de los adultos. Y aunque Quino dejó de dibujar nuevas tiras en 1973, Mafalda continuó circulando por generaciones de lectores.
Este 30 de septiembre, además, se cumplen seis años de la muerte de Quino, ocurrida en 2020, apenas un día después del aniversario de la primera aparición de su personaje más famoso.
Una niña frente a un mundo de adultos
Mafalda nunca fue solamente una niña que hacía bromas.
Su verdadera función dentro de la historieta era observar.
Mientras sus padres intentaban resolver problemas cotidianos, ella cuestionaba asuntos mucho más grandes. Su mundo infantil funcionaba como contraste frente a las preocupaciones de los adultos.
Ahí estaba buena parte del humor de Quino.
Una pregunta aparentemente ingenua podía terminar exponiendo una contradicción política, social o familiar.
Y cuando no encontraba una respuesta convincente, insistía.
Quino convirtió la vida cotidiana en crítica
Antes de Mafalda, Quino ya había desarrollado una importante trayectoria como humorista gráfico.
Su humor no dependía únicamente de los personajes. También utilizaba escenas comunes para hablar de poder, burocracia, consumismo, desigualdad, relaciones humanas y las contradicciones de la sociedad.
Mafalda fue la expresión más reconocible de ese estilo.
La diferencia es que sus cuestionamientos llegaban desde la mirada de una niña.
Eso permitía que Quino pudiera hablar de temas complejos sin convertir sus tiras en discursos.
La familia de Mafalda también era parte del mensaje
Mafalda no vivía sola.
A su alrededor estaban Felipe, Susanita, Manolito, Miguelito, Libertad y Guille, además de sus padres.
Cada personaje representaba una manera distinta de entender la realidad.
Felipe vivía entre sus fantasías y sus inseguridades. Susanita estaba obsesionada con el matrimonio y la vida familiar. Manolito veía el mundo desde una lógica comercial. Miguelito tenía una mirada mucho más filosófica y Libertad llevaba al extremo las preguntas sociales que caracterizaban a Mafalda.
El grupo funcionaba como una pequeña sociedad.
Y justamente ahí estaba otra de las claves de la historieta: no todos pensaban igual.
Mafalda dejó de crecer
Quino tomó una decisión poco habitual.
En 1973 dejó de producir nuevas tiras de Mafalda.
El personaje tenía apenas nueve años de existencia editorial y seguía siendo popular.
Pero Quino consideraba que continuar podía llevarlo a repetirse.
La decisión convirtió a Mafalda en algo curioso dentro de la cultura popular: una niña que nunca envejeció.
Mientras sus lectores sí crecieron, ella permaneció con la misma edad y las mismas preguntas.
Por eso cada generación pudo volver a encontrarla.
El mundo cambió, Mafalda también cambió de lectores
Cuando Mafalda comenzó a publicarse, Argentina y buena parte de América Latina atravesaban una época marcada por tensiones políticas, cambios sociales y conflictos internacionales.
La Guerra Fría estaba en pleno desarrollo.
Quino convirtió parte de ese contexto en material para su humor.
Pero la permanencia del personaje demuestra que sus temas no quedaron encerrados en los años sesenta y setenta.
La desigualdad, la guerra, el poder, el trabajo, la familia y la incertidumbre sobre el futuro siguen formando parte de las conversaciones cotidianas.
Mafalda no necesitó actualizarse.
Fue el mundo el que siguió produciendo preguntas parecidas.
De Argentina para el mundo
La popularidad del personaje rápidamente traspasó las fronteras argentinas.
Mafalda fue publicada en distintos países y traducida a numerosos idiomas. De acuerdo con información del Gobierno argentino, llegó a 26 idiomas.
Su humor podía viajar porque muchas de las situaciones que planteaba eran universales.
Una niña que pregunta por qué los adultos hacen la guerra puede ser entendida en cualquier idioma.
Un niño que no comprende por qué sus padres tienen que trabajar todo el día tampoco necesita conocer la historia argentina para entender el chiste.
Quino nunca fue solamente Mafalda
La enorme popularidad de Mafalda hizo que el nombre de Quino quedara asociado casi inevitablemente con ella.
Pero su carrera fue mucho más extensa.
El dibujante publicó numerosos libros de humor gráfico y desarrolló una obra marcada por una mirada crítica hacia la sociedad.
En sus dibujos aparecían oficinistas, parejas, médicos, artistas, consumidores, burócratas y personajes anónimos atrapados en situaciones absurdas.
Mafalda fue su personaje más famoso.
Quino fue mucho más que el creador de Mafalda.
Una coincidencia difícil de ignorar
Quino murió el 30 de septiembre de 2020, en Mendoza, Argentina.
Tenía 88 años.
La fecha quedó marcada por una coincidencia particular: ocurrió apenas un día después del aniversario de la primera publicación de Mafalda.
Habían pasado casi 56 años desde aquella primera aparición.
Para entonces, el personaje ya había dejado de pertenecer únicamente a las páginas de una historieta.
Mafalda estaba en libros, escuelas, museos, exposiciones y en la memoria de varias generaciones.
¿Por qué Mafalda sigue vigente?
Quizá porque nunca pretendió tener todas las respuestas.
Su papel era otro.
Preguntar.
Y esa es probablemente la característica que mejor explica su permanencia.
Mafalda mira el mundo desde la estatura de una niña, pero las preguntas que plantea son demasiado grandes para su edad.
Quino dejó de dibujarla hace más de medio siglo.
Pero mientras el mundo siga teniendo guerras, desigualdades, contradicciones y adultos intentando explicar lo inexplicable, aquella niña de seis años seguirá teniendo algo que decir.
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