El 3 de septiembre de 1934 nació en México una institución que terminaría cambiando para siempre la manera de acercarse al conocimiento en español: el Fondo de Cultura Económica (FCE).
La idea original era mucho más modesta de lo que terminaría siendo su legado. El proyecto surgió por iniciativa de Daniel Cosío Villegas y un grupo de intelectuales que buscaban facilitar a los estudiantes de economía el acceso a libros especializados que, en buena medida, estaban disponibles únicamente en otros idiomas.
Lo que comenzó como una respuesta a una necesidad académica terminó convirtiéndose en una de las casas editoriales más importantes de México y de Iberoamérica.
Una editorial nacida para estudiar economía
México vivía durante los años treinta un proceso de transformación educativa e institucional. La economía comenzaba a adquirir mayor importancia como disciplina académica y los estudiantes necesitaban materiales actualizados para formarse.
En ese contexto, Cosío Villegas impulsó la creación del Fondo de Cultura Económica. El objetivo inicial era publicar y traducir al español textos de economía destinados principalmente a los estudiantes de educación superior.
El proyecto estuvo acompañado por la revista El Trimestre Económico, cuyo primer número apareció en abril de 1934 y que se convirtió en una pieza fundamental para el desarrollo intelectual del proyecto editorial.
Pero el Fondo pronto dejó de ser solamente una editorial especializada.
De los libros de economía a la cultura universal
En 1935 aparecieron sus primeros títulos: El dólar plata, de William P. Shea, y Karl Marx, de Harold Laski.
Con el paso de los años, el catálogo comenzó a extenderse hacia otras áreas. Llegaron colecciones dedicadas a la política, el derecho, la historia, la filosofía, la antropología, la ciencia y la literatura.
Durante la dirección de Cosío Villegas, entre 1934 y 1948, se publicaron 342 títulos agrupados en distintas colecciones, una expansión que muestra cómo aquella iniciativa especializada había comenzado a convertirse en un proyecto cultural mucho más ambicioso.
El cambio fue fundamental: el Fondo dejó de ser solamente una herramienta para estudiantes de economía y comenzó a convertirse en una puerta de entrada al pensamiento mexicano, latinoamericano y universal.
Una generación de escritores encontró casa
El crecimiento del catálogo también permitió que el FCE se relacionara con algunas de las figuras más importantes de la literatura y el pensamiento en español.
Por sus colecciones y catálogos pasaron nombres como Alfonso Reyes, Juan Rulfo, Juan José Arreola, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, Elena Garro, Elena Poniatowska, Fernando del Paso, Sergio Pitol, Álvaro Mutis y Alejo Carpentier, entre muchos otros.
La editorial también tuvo un papel importante en la circulación de autores extranjeros mediante traducciones, contribuyendo a que lectores hispanohablantes pudieran acercarse a obras y corrientes de pensamiento que de otra manera habrían permanecido fuera de su alcance.
El Fondo también salió de México
La expansión no se quedó dentro del país.
En 1945 se inauguró en Buenos Aires la primera filial del FCE fuera de México. Años después llegarían otras sedes, entre ellas la de Madrid, consolidando una presencia editorial que convirtió al Fondo en una institución con alcance iberoamericano.
Con el tiempo aparecieron colecciones que se volverían emblemáticas, como Breviarios, Letras Mexicanas, Tierra Firme y Popular. Décadas después, el catálogo también incorporaría literatura infantil y juvenil con colecciones como A la orilla del viento.
Así, la historia del Fondo también puede leerse como la historia de una idea: que el acceso al conocimiento y a la literatura no debería estar limitado por el idioma, la especialización académica o el precio de un libro.
Más que una editorial
El FCE terminó ocupando un lugar particular dentro de la cultura mexicana.
No fue solamente una empresa dedicada a producir libros. Su historia está ligada a la educación pública, la traducción, la formación de lectores y la circulación de ideas.
Esa vocación explica por qué su catálogo terminó abarcando desde tratados académicos hasta literatura, historia, filosofía, ciencias sociales y libros para niños.
En 1989, el Fondo recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, un reconocimiento que reflejó la dimensión internacional que había alcanzado la institución.
Una idea que sobrevivió a sus fundadores
Daniel Cosío Villegas murió en 1976, pero el proyecto que impulsó décadas antes continuó creciendo.
El Fondo de Cultura Económica llegó a convertirse en una referencia editorial en México y en el mundo hispanohablante, con una misión que sigue vinculada con la difusión de obras académicas y culturales y con el fomento de la lectura.
Cada 3 de septiembre, la fecha de su fundación permite recordar algo que suele perderse entre las efemérides: algunas instituciones no cambian un país mediante grandes obras físicas, sino poniendo ideas al alcance de millones de personas.
El Fondo nació para que unos estudiantes pudieran conseguir libros de economía en español. Terminó ayudando a varias generaciones de lectores a descubrir que un libro también puede ser una forma de entender, cuestionar y transformar el mundo.
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