¿Qué significa realmente traducir una palabra de un idioma a otro?
A primera vista, parecería sencillo: encontrar una palabra equivalente y sustituirla. Pero cualquiera que haya intentado traducir un modismo, un poema, una novela o incluso una conversación cotidiana sabe que hay palabras que no pueden trasladarse literalmente sin perder parte de su significado.
Por eso, traducir no consiste solamente en cambiar palabras.
Implica interpretar contextos, referencias culturales, expresiones, tonos, dobles sentidos y formas de entender el mundo.
Cada 30 de septiembre se conmemora el Día Internacional de la Traducción, una fecha establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2017 para reconocer el trabajo de los profesionales de la lengua y su papel en el diálogo, el entendimiento y la cooperación entre las sociedades.
Y la fecha tiene una historia particular: coincide con la festividad de San Jerónimo, considerado patrono de los traductores.
¿Por qué el 30 de septiembre es el Día de la Traducción?
La ONU eligió el 30 de septiembre porque ese día se celebra a San Jerónimo, un sacerdote nacido en el siglo IV que pasó buena parte de su vida estudiando lenguas y traduciendo textos religiosos.
San Jerónimo es conocido principalmente por su trabajo de traducción de la Biblia al latín. Murió el 30 de septiembre del año 420, cerca de Belén.
Más de 1,500 años después, su figura terminó relacionada con una profesión que hoy resulta indispensable para la literatura, la ciencia, el comercio, la diplomacia, los medios de comunicación y prácticamente cualquier actividad que cruce fronteras.
Traducir no significa encontrar una palabra equivalente
Una de las mayores dificultades de la traducción aparece cuando una expresión tiene un significado que depende de la cultura.
Por ejemplo, en español decimos “estar entre la espada y la pared”. Una traducción palabra por palabra podría conservar las palabras, pero perdería el sentido que tiene la expresión.
Lo mismo ocurre con referencias históricas, chistes, juegos de palabras o expresiones regionales.
El traductor debe decidir si conserva la expresión original, busca una equivalente en el idioma de destino o explica el significado de otra manera.
Por eso, la traducción puede ser también una forma de interpretación cultural.
La UNESCO ha señalado que la traducción conecta lenguas y culturas y puede ser una vía de acceso a una cultura universal, diversa y múltiple.
Una novela puede cambiar por completo dependiendo de quién la traduzca
La literatura es uno de los ejemplos más claros.
Traducir una novela no implica únicamente trasladar la historia. También hay que intentar conservar la personalidad de los personajes, el ritmo de las frases, el humor, las referencias culturales y la voz del autor.
Una misma obra puede tener varias traducciones y cada una puede tomar decisiones diferentes.
Esto es especialmente evidente en la poesía.
Un poema depende de sonidos, ritmo, metáforas y juegos de palabras que muchas veces no tienen un equivalente exacto en otro idioma.
El reto del traductor consiste entonces en decidir qué debe conservarse y qué puede transformarse para que el lector de otro idioma experimente algo parecido.
¿Y qué pasa con las palabras que no tienen traducción exacta?
Todas las lenguas tienen conceptos que pueden resultar difíciles de trasladar literalmente.
No significa necesariamente que sea imposible explicar su significado. Lo complicado es encontrar una sola palabra que reúna exactamente todas sus características.
Esto ocurre también con conceptos propios de determinadas comunidades y culturas.
La traducción, en esos casos, puede requerir una explicación, una expresión más extensa o incluso mantener el término original.
La UNESCO ha trabajado precisamente en proyectos relacionados con la traducción y la preservación de lenguas, incluyendo esfuerzos para documentar palabras de lenguas indígenas mexicanas que no tienen un equivalente directo en español.
La traducción también ayuda a preservar culturas
Traducir no solamente sirve para que una persona pueda leer un libro escrito en otro idioma.
También permite que historias, conocimientos, investigaciones y expresiones culturales crucen generaciones y fronteras.
Cuando una obra literaria se traduce, puede llegar a lectores que de otra manera nunca tendrían acceso a ella.
Cuando se traduce una investigación científica, sus resultados pueden circular entre especialistas de distintos países.
Y cuando se traducen documentos sobre derechos humanos, educación o salud, la información puede llegar a personas que hablan diferentes lenguas.
Por eso la ONU considera que el trabajo de los profesionales lingüísticos contribuye al diálogo, la cooperación y el desarrollo.
La ONU funciona en seis idiomas oficiales
La traducción es particularmente importante dentro de las Naciones Unidas.
La organización tiene seis idiomas oficiales: árabe, chino, español, francés, inglés y ruso.
Sus documentos se producen y publican en esos idiomas, mientras que en las reuniones internacionales también trabajan intérpretes que permiten que los representantes puedan hablar en su propio idioma y ser comprendidos por los demás participantes.
Aquí aparece otra diferencia importante:
traducir y traducir oralmente no son exactamente lo mismo.
La traducción generalmente trabaja con textos escritos, mientras que la interpretación traslada mensajes hablados de un idioma a otro, muchas veces prácticamente al mismo tiempo.
Ambas actividades requieren conocimientos lingüísticos, pero también preparación especializada.
¿La inteligencia artificial va a reemplazar a los traductores?
Las herramientas digitales han cambiado radicalmente la manera de traducir.
Hoy existen aplicaciones capaces de traducir frases completas en segundos y sistemas de inteligencia artificial que pueden procesar grandes cantidades de texto en diferentes idiomas.
Pero rapidez no siempre significa precisión.
Una máquina puede identificar equivalencias entre palabras, pero algunos textos requieren comprender ironía, contexto, referencias culturales, intención, ambigüedad o estilo.
En una conversación sencilla, una traducción automática puede ser suficiente.
En cambio, en una novela, un contrato, un documento científico, una obra de teatro o una negociación diplomática, los matices pueden ser demasiado importantes como para depender exclusivamente de una sustitución automática de palabras.
La propia ONU define la traducción profesional como una actividad que incluye, además de la traducción propiamente dicha, la interpretación y la terminología.
El problema de traducir una cultura
Hay algo todavía más profundo detrás de la traducción.
No todos los idiomas dividen la realidad de la misma manera.
Las lenguas tienen sus propias formas de expresar el tiempo, las relaciones familiares, las emociones, el espacio, la cortesía o la identidad.
Por eso aprender otro idioma también puede significar aprender otra manera de organizar las ideas.
El traductor se encuentra justamente en medio de esos dos mundos.
Tiene que conseguir que una persona pueda acercarse a un texto producido en otra lengua sin borrar completamente la cultura que existe detrás de él.
Traducir también es decidir qué se conserva
Una buena traducción no necesariamente es aquella que copia con mayor fidelidad cada palabra.
En muchos casos, la fidelidad consiste en conservar la intención y el significado aunque sea necesario modificar la forma.
Una expresión puede cambiar.
Una frase puede reorganizarse.
Un juego de palabras puede requerir una solución completamente diferente.
Y una referencia cultural puede necesitar una explicación.
Eso no significa que el traductor tenga libertad para cambiar una obra a su gusto. Significa que su trabajo consiste en encontrar un equilibrio entre fidelidad al original y comprensión para el lector.
La UNESCO resume esta dificultad al señalar que traducir implica enfrentarse a la diferencia y al desconocido entre lenguas y culturas.
Del Quijote a la ciencia: todo puede cruzar una frontera gracias a la traducción
Una novela escrita en español puede terminar en manos de un lector en Japón.
Un artículo científico publicado en inglés puede ser consultado por especialistas en México.
Una película producida en Corea puede llegar a espectadores de América Latina.
Un documento internacional puede ser leído simultáneamente en seis idiomas.
En todos esos casos existe un trabajo que muchas veces pasa desapercibido.
Alguien tuvo que construir el puente entre una lengua y otra.
Ese es, en buena medida, el trabajo de los traductores.
Y quizá por eso el Día Internacional de la Traducción no celebra solamente una profesión.
También celebra la posibilidad de que una historia escrita en un idioma pueda convertirse en una historia que alguien, al otro lado del mundo, pueda entender y sentir como propia.
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