Antes de que Hollywood convirtiera las historias de samuráis en grandes producciones occidentales, Akira Kurosawa ya estaba demostrando que el cine podía romper fronteras.
El director japonés nació el 23 de marzo de 1910 y murió el 6 de septiembre de 1998, a los 88 años. A lo largo de su carrera dirigió algunas de las películas más influyentes de la historia del cine y consiguió algo poco común: hacer que historias profundamente arraigadas en Japón fueran comprendidas y reinterpretadas por espectadores de todo el mundo.
Su influencia sigue presente décadas después de su muerte. Directores y películas de Hollywood retomaron recursos narrativos, estructuras y personajes que Kurosawa había desarrollado en obras como Rashomon, Los siete samuráis, Yojimbo y La fortaleza escondida.
Rashomon y una nueva forma de entender la verdad
En 1950 llegó una de sus obras decisivas: Rashomon.
La película cuenta un mismo acontecimiento desde diferentes perspectivas. Cada personaje ofrece una versión distinta de lo sucedido y ninguna coincide completamente con las demás.
La apuesta era mucho más profunda que un simple recurso narrativo: Kurosawa cuestionaba la posibilidad de conocer una verdad absoluta cuando cada persona interpreta los acontecimientos desde su propia experiencia.
La película ganó el León de Oro en el Festival de Venecia de 1951, convirtiéndose en un punto de inflexión para la difusión internacional del cine japonés. El llamado “efecto Rashomon” incluso terminó incorporándose al lenguaje cinematográfico y académico para describir situaciones en las que existen versiones contradictorias de un mismo acontecimiento.
Los siete samuráis: el origen de muchas películas que vinieron después
Tres años después de Rashomon, Kurosawa estrenó Los siete samuráis.
La historia sigue a un grupo de samuráis contratados por campesinos para defender su comunidad de una banda de bandidos. La película combinó acción, drama, personajes con diferentes personalidades y una construcción épica que terminaría influyendo profundamente en el cine de acción.
Su influencia llegó incluso a Hollywood con Los siete magníficos, adaptación estadounidense de 1960.
Pero la herencia de Kurosawa no se quedó ahí. La estructura de reunir a un grupo de personajes diferentes para cumplir una misión puede reconocerse posteriormente en numerosas películas y géneros, desde el western hasta la ciencia ficción y el cine de aventuras.
Un director que también miró hacia Occidente
Aunque suele ser identificado principalmente con el cine japonés y las historias de samuráis, Kurosawa nunca trabajó dentro de una sola tradición.
Admiraba a directores estadounidenses como John Ford, William Wyler y Frank Capra, mientras que él mismo adaptó obras de autores occidentales como Shakespeare, Dostoyevski, Gorki y Ed McBain.
Esa combinación ayudó a crear un cine particular: historias japonesas contadas con recursos visuales que podían dialogar con espectadores de cualquier parte del mundo.
En Trono de sangre, por ejemplo, llevó Macbeth de Shakespeare al Japón feudal. Años después, Ran retomaría elementos de El rey Lear para construir otra de sus grandes tragedias cinematográficas.
Más allá de los samuráis
Reducir a Kurosawa al cine de samuráis sería dejar fuera una parte importante de su obra.
En Ikiru (1952), contó la historia de un funcionario que, después de conocer que padece una enfermedad terminal, intenta encontrar un sentido a su existencia.
En otras películas exploró temas como la corrupción, la desigualdad, la justicia, la moral, la responsabilidad individual y la condición humana.
Ese interés por las personas estaba presente incluso en sus grandes escenas de acción. Sus personajes rara vez eran simplemente héroes o villanos: tenían contradicciones, dudas, ambiciones y debilidades.
Una influencia que sigue viva
El legado de Kurosawa puede encontrarse en generaciones de cineastas posteriores. Su manera de filmar la acción, utilizar el clima y los paisajes, construir personajes y experimentar con el punto de vista ayudó a modificar el lenguaje cinematográfico.
Su influencia llegó a cineastas como George Lucas, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese y Steven Spielberg, varios de los cuales también ayudaron a impulsar sus proyectos cuando Kurosawa atravesó dificultades para financiar sus películas en Japón.
Incluso La fortaleza escondida tuvo una influencia directa en George Lucas durante el desarrollo de Star Wars.
El director que convirtió una historia local en un lenguaje universal
Akira Kurosawa murió el 6 de septiembre de 1998, pero su cine nunca dejó de viajar.
Sus películas demostraron que una historia ambientada en el Japón medieval podía hablar sobre dilemas universales: la verdad, el poder, la lealtad, la justicia, la muerte y la esperanza.
Quizá esa sea la razón por la que su obra continúa vigente.
Kurosawa no solamente filmó historias.
Ayudó a cambiar la manera en que el mundo aprendió a contarlas.
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