Cada 22 de julio se conmemora el Día Internacional del Trabajo Doméstico, una fecha que busca visibilizar una de las actividades esenciales para el funcionamiento de la sociedad, pero que continúa sin recibir remuneración en la mayoría de los hogares.
En México, cocinar, limpiar, lavar ropa, cuidar a niñas, niños, personas adultas mayores o familiares con discapacidad representa una carga que recae principalmente en las mujeres, limitando sus oportunidades de empleo, desarrollo profesional y autonomía económica.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), las mujeres dedican en promedio casi tres veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, una brecha que persiste pese al aumento de la participación femenina en el mercado laboral.
El impacto de estas actividades va más allá del ámbito familiar. La Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares estima que, si estas labores recibieran un pago, representarían alrededor de una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) del país, una contribución superior a la de varios sectores económicos estratégicos.
Especialistas en economía del cuidado advierten que esta distribución desigual también influye en la brecha salarial, el acceso de las mujeres a empleos de tiempo completo, las oportunidades de ascenso y las posibilidades de acceder a una pensión o seguridad social.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ONU Mujeres han señalado que reconocer, reducir y redistribuir el trabajo de cuidados constituye una condición indispensable para avanzar hacia la igualdad de género y fortalecer la economía.
Entre las acciones recomendadas destacan ampliar la cobertura de estancias infantiles y servicios de cuidados para personas mayores, impulsar licencias parentales compartidas y promover una distribución más equitativa de las tareas del hogar entre hombres y mujeres.
Aunque en los últimos años el trabajo doméstico y de cuidados ha ganado presencia en la agenda pública, especialistas coinciden en que el mayor desafío continúa siendo transformar los patrones culturales que siguen asignando estas responsabilidades casi exclusivamente a las mujeres.
En el Día Internacional del Trabajo Doméstico, el llamado es a reconocer que las tareas realizadas dentro del hogar sostienen el bienestar de millones de familias y generan un valor económico que durante décadas permaneció invisible.
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