Una reducción histórica de las muertes por suicidio convive en Uruguay con miles de intentos de autoeliminación registrados durante 2025. Esta diferencia muestra que una menor mortalidad no implica necesariamente una disminución equivalente de las personas expuestas a conductas suicidas.
Durante 2025, el país contabilizó 668 muertes por suicidio, frente a las 764 registradas durante el año anterior. La tasa bajó de 21,35 a 19,16 fallecimientos por cada 100.000 habitantes, según el Ministerio de Salud Pública.
Ese resultado representa la cifra más baja desde 2015, cuando Uruguay reportó 18,55 muertes por cada 100.000 habitantes. Las autoridades pidieron cautela, porque una reducción durante un solo año todavía no permite confirmar una tendencia sostenida.
Pese al descenso, la tasa uruguaya permanece cerca del doble de los promedios regional y mundial mencionados por las autoridades sanitarias. La comparación mantiene al suicidio entre los principales desafíos de salud pública enfrentados por el país sudamericano.
Intentos y muertes muestran perfiles diferentes
El Sistema Nacional de Registro de Intentos de Autoeliminación documentó 6.140 episodios protagonizados por 5.144 personas durante 2025. La diferencia entre ambas cifras indica que algunos pacientes atravesaron más de un episodio dentro del periodo analizado.
Los datos no permiten atribuir la coexistencia de ambos indicadores a una sola causa, porque el suicidio responde a múltiples factores. También debe considerarse que el registro digital facilita detectar episodios antes omitidos y mejora el seguimiento de pacientes atendidos en emergencias.
Si bien las muertes disminuyeron, la cantidad de intentos registrados mantuvo una demanda considerable sobre los servicios de salud mental. Un seguimiento más amplio puede elevar los casos documentados sin significar necesariamente que todos los episodios hayan surgido durante el último año.
Las mujeres representaron 72% de las personas registradas por intentos de autoeliminación, con una tasa de 205,02 casos por cada 100.000 habitantes. Entre los hombres, la tasa alcanzó 86,40 casos por cada 100.000 habitantes durante el mismo periodo.
Esta distribución se invierte en las muertes consumadas, donde los hombres concentraron 79% de los fallecimientos y las mujeres representaron 21%. Esta diferencia confirma que los intentos y la mortalidad presentan comportamientos distintos según el sexo de las personas afectadas.
Menores concentran nuevas medidas preventivas
Las mayores tasas de mortalidad se observaron entre personas mayores de 80 años y adultos de 30 a 34 años. Sin embargo, las autoridades expresaron especial preocupación por siete muertes registradas entre menores de 10 a 14 años.
Esta franja recibió atención prioritaria porque comprende edades vinculadas con la vida escolar, los entornos familiares y las primeras redes de apoyo social. Las medidas anunciadas incluyen fortalecer vínculos protectores y mejorar la detección temprana dentro de centros educativos y comunidades.
Dentro de su estrategia sanitaria, Uruguay prepara guías clínicas para abordar la ansiedad, la depresión y la conducta suicida. Los equipos autorizados pueden consultar registros en tiempo real, coordinar la atención y mantener seguimiento sobre personas con antecedentes de intentos.
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