En un logro que combina innovación, educación y colaboración con la industria, un equipo multidisciplinario de 22 estudiantes del Tecnológico de Estudios Superiores de Jocotitlán (TESJo) desarrolló una motocicleta eléctrica que ya se encuentra disponible en el mercado. El proyecto, resultado de una vinculación iniciada hace dos años con la empresa IUSA, marca un precedente en el impulso de la electromovilidad desde las instituciones públicas de educación superior en el Estado de México.
Bajo la coordinación de docentes y con respaldo técnico de especialistas, las y los estudiantes de las ingenierías en electromecánica, mecatrónica y sistemas computacionales llevaron la iniciativa desde el diseño hasta su etapa de producción. Entre los responsables del desarrollo destacan Danna Paola Becerril Roque, quien optimizó la estructura del chasis; Rubén Ángel González Huitrón, encargado de la modelación 3D y conexiones; y Marco David Serrano Sánchez, diseñador del sistema de batería y su cargador.
La asesoría técnica fue liderada por el profesor Luis Antonio Mier Quiroga, experto en robótica y microcontroladores, quien acompañó al equipo durante el desarrollo del prototipo. Este esfuerzo permitió al alumnado aplicar sus conocimientos en situaciones reales, fortaleciendo habilidades de investigación, diseño y solución de problemas vinculados al sector productivo.
El proyecto contó también con el respaldo institucional de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTI) del Estado de México, como parte de la implementación del modelo de la Nueva Escuela Mexicana, que promueve el aprendizaje basado en experiencias prácticas y vinculación con el entorno laboral.
El TESJo, que actualmente atiende a más de cinco mil estudiantes en 12 programas académicos, cuenta con un laboratorio de electromovilidad desde donde impulsa la transferencia tecnológica. Además, como parte del mismo eje formativo, la institución trabaja en la creación de una nueva carrera en Ingeniería en Electromovilidad, cuyos contenidos han sido diseñados por un grupo de 20 especialistas convocados por el plantel.
Este caso es un ejemplo de cómo las instituciones educativas pueden convertirse en verdaderos motores de innovación, al formar profesionistas capaces de transformar ideas en productos con impacto social y comercial.

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