En los canales de Xochimilco, uno de los ecosistemas más emblemáticos de la Ciudad de México, una iniciativa ambiental busca revertir el deterioro del agua utilizando un recurso inesperado: cabello humano.
El proyecto, impulsado por activistas y organizaciones ambientales, consiste en la instalación de filtros elaborados con pelo recolectado en barberías y estéticas. Cada dispositivo, con aproximadamente un kilogramo de cabello, tiene la capacidad de absorber hasta cinco veces su peso en contaminantes, como aceites y residuos presentes en el agua.
El objetivo central es recuperar el hábitat del ajolote, especie endémica en peligro crítico de extinción que prácticamente ha desaparecido de la zona en la última década. De acuerdo con especialistas, los censos pasaron de registrar cientos de ejemplares por kilómetro cuadrado a cifras cercanas a cero.
Integrantes de proyectos como el Santuario Ajolote y organizaciones como Matter of Trust Latam participan en esta estrategia, que ya suma más de 20 filtros colocados en canales y trajineras. La meta es ampliar su uso para lograr una limpieza constante del agua.
El funcionamiento es sencillo: los filtros permanecen en el agua durante varias semanas, captando contaminantes. Posteriormente, son retirados y tratados con bacterias que descomponen grasas y aceites, lo que permite su reutilización o integración en procesos agrícolas sin generar residuos.
Para sostener esta iniciativa, se ha creado una red de más de 30 barberías en el país que recolectan cabello, transformando un desecho cotidiano en una herramienta de restauración ambiental.
Especialistas señalan que esta técnica ya ha sido utilizada en derrames de petróleo y limpieza de cuerpos de agua en otros contextos, aprovechando las propiedades naturales del cabello para adherirse a sustancias contaminantes.
Aunque los resultados aún están en evaluación, los impulsores del proyecto consideran que, de ampliarse, esta estrategia podría contribuir a mejorar la calidad del agua en Xochimilco y abrir la posibilidad de reintroducir al ajolote en su entorno natural.
La iniciativa plantea una solución innovadora basada en economía circular, donde pequeñas acciones —como donar cabello— se integran a esfuerzos de mayor escala para la recuperación de ecosistemas.
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